Después
de unas horas a solas con mi familia decidí armarme de valor y coger el
teléfono. Sabía que me podía encontrar de todo. Así fue. Más de cien mensajes,
llamadas, muchos privados de Facebook o incluso gente que no conocía de
absolutamente nada se puso en contacto conmigo a través de Twitter. Me agobié
bastante y sólo hice un repaso por encima. Ahí me di un golpe con la realidad
pero la sensación era de un profundo agradecimiento. No me cansaré de daros las
GRACIAS a todos. Percibí que algo grave me estaba sucediendo. ¿O tal vez podía
haberme sucedido pero lo había superado? Ni idea porque en realidad sólo sabía
que tenía una trombosis. La palabreja retumbaba una y otra vez en mi cerebro
pero era hueca. No le encontraba significado. Necesitaba una cosa. Y llegó.
La
puerta de mi habitación debió abrirse unas 40 veces en el primer día de visitas.
Sólo esperaba eso. Ver a mis amigos ahí. Estaba fatal de salud pero mi cara se
iluminaba cada vez que oía la puerta. Muy dificilmente se me borrará de la
retina la cara que ponían al verme. Me pongo en su piel y seguro que durante el
trayecto hasta esas cuatro paredes venían en silencio y preguntándose cómo me
verían o qué me podían decir. Creo que se lo puse bastante fácil porque con mi
sonrisa ya les tranquilizaba. Como vivía en la inopia trataba de contarles cómo
me sentía pero después el objetivo era cambiar de tema. Me daba igual fútbol
que ropa que temas familiares o académicos.
En
esos días me llevé muchas sorpresas y todas agradables. Prácticamente nadie
falló. Y el que lo hizo sus motivos tenía. No hay que darle más vueltas y
además ya os digo yo que si me necesita, ahí estaré. Tanto me da porque yo me
quedo con todos los demás. Ojalá nunca se me borre toda esa emoción.
Tras
15 días más en planta no podía decir que tuviera ganas de marcharme. Todo el
día estaba acompañada y después de la última época de mi vida en la que no veía
a los míos en semanas, eso me parecía fabuloso. Con tan poco me conformaba, sí.
Las enfermeras me decían que debían de quererme mucho porque era la habitación
que a todas horas más gente tenía.
Al
salir me tocaba reposo absoluto en casa. Tenía muchas preguntas en mi cabeza
porque me habían dicho que tenía una malformación de la vena cava (ni ubicaba
esa dichosa vena ni sabía que en realidad, no la tenía). Pasé de buscar nada en
Internet porque sé que aunque padezcas un catarro, esos foros parece que los
carga el diablo y siempre acabas leyendo palabras como cáncer o enfermedad
terminal. No me interesaba. Yo quería ser como un caballo de galera. Sólo mirar
al frente y seguir el camino. Por eso era muy importante estar siempre con
gente.
Mientras
yo vivía en la luna la peor parte se la llevarían mis seres más queridos. Estoy
convencida que del primero al último se leyeron por lo menos las diez primeras
páginas de resultados de Google para lograr entender qué me estaba sucediendo y
lo más importante. ¿Qué se podía hacer? Esa preocupación la percibía
constantemente pero yo no quería entrar en el juego. Ya suficiente dolor tenía.
Ah y unas piernas hinchadas como dos bombonas de butano.
Nunca
habría dicho que una caja de galletas diera para tanto. Perdí la cuenta de
cuántas Cuétara de la caja roja se repusieron durante esas tardes de finales de
septiembre y octubre. En mi casa siempre han sido buenos anfitriones y visita
que venía, visita que no se libraba de comer una o varias. Entre unos y otros
pasamos muchísimas horas sentados en la cocina hablando de mil cosas. Da igual
quien viniera que sólo era cuestión de añadir sillas.
Estaba
tan feliz con la situación que no se me ocurrió nada mejor que pedirle a mis
padres que organizáramos una fiesta en casa. No falló nadie. Otra muestra enorme
de amor, ya no solo amistad.
Quizás
lo lógico sería pensar que al principio era normal que todo el mundo se volcara
pero que poco a poco se iría diluyendo. Pues pasado un año os aseguro que sigo
sintiendo el calor de todas esas personas y de las que voy conociendo por el
camino. Y eso no tiene precio. Jamás podré agradeceros todo lo que me dais día
a día. Aprovecho también para decir que siento estar siempre hablando de cómo
me encuentro, que parezco un disco rayado. Sé que me perdonáis, ¿no?
Escribiría
todos los nombres que me vienen a la cabeza pero mi memoria de pez me jugaría
una mala pasada y me dejaría a más de uno pero sí quiero destacar la figura
de mi abuela. En este año le ha dado su cuarto ictus. Ya nunca será quién fue.
La mayor satisfacción que tengo es que celebramos su 85 cumpleaños después de
haberlo organizado juntas y que saliera todo mejor de lo esperado. Hoy ni sabe
que estoy escribiendo esto como tampoco sabe ni cómo se llama ella pero hace
algo que me sorprende. No se ha olvidado que me ocurre algo en la pierna. Soy una
afortunada.
Me encontraréis en:
Twitter: @epaglialonga
Gmail: epaglialonga88@gmail.com
Me encontraréis en:
Twitter: @epaglialonga
Gmail: epaglialonga88@gmail.com